Espiritualidad sin empatía


Autora de “Poems and thoughts of a young priestess”.
Coautora del “Diario de despertar de la diosa”, “Olvido: ¿La cura para el dolor? ” y “Soñar a colores”.

Durante años explorando y compartiendo con personas en búsqueda de un camino espiritual a través de distintas técnicas de la meditación, he sido testigo de un patrón que tiene que ver fundamentalmente con la falta de empatía debido a creencias como el karma y la omnipotencia de la Madre Tierra.  Algunos maestros o guías toman estas creencias como una manera de responder,  justificar y explicar los sinsentidos de la vida y nuestras acciones, como por ejemplo el  ¿Porqué le pasan cosas malas a la gente buena? Y esencialmente es también una excusa para no ayudar al necesitado porque seguramente, su karma es su problema y no el nuestro, ó para qué cambiar nuestros hábitos si al fin y al cabo nada destruye el planeta. Con esta entrada en el blog de Merkaba, quisiera que nos preguntáramos por los detrimentos que vienen cuando adherimos a ideas de espiritualidad sin empatía.

 

Recuerdo con frecuencia que una de las respuestas al por qué el otro no debería importarme, usualmente tenía que ver con que “los problemas del otro” son simplemente del otro y que al querer dar una mano, uno termina sumándose cargas, privándole a la otra persona la oportunidad de descubrir su propio potencial. Con esta aparente solución a mi cuestionamiento, puedo decir que me fue fue inevitable pensar en varias de nuestras falencias como humanos, entre ellas: la profunda indiferencia ante el dolor ajeno y las problemáticas mundiales, nuestra incapacidad de tener empatía con límites y ese afán nuestro por creer que nadie necesita ayuda de nadie para sobrellevar los problemas o salir adelante, porque todo lo puede arreglar un coach con sus paños de agua tibia o afirmaciones que no suponen otra cosa que falso optimismo.

 

Lo que me asusta de estas ideas tiene que ver con la negación de la realidad, la gestación de conductas permisivas y la desconexión entre espiritualidad y acción. También viene a mi mente cuán juzgada he sido por mis propias amistades, conocidos e incluso miembros de estos grupos de meditación, por cambiar mi estilo de vida desde hace años a uno vegano, en pro de la sostenibilidad, amor y agradecimiento a la tierra y cuidado de mi cuerpo; o ayudar a otras mujeres afectadas por la violencia a través de mi guía y diario de sanación del femenino o terapia, entre otras acciones que le han dado un significado distinto a mi vida.

 

A su vez, siendo familiar de un miembro de la comunidad científica, he podido ver la dureza en los juicios de gente de distintas creencias religiosas que prefieren fiarse más de conspiraciones que de personas que han dedicado sus vidas al estudio cuidadoso de los virus o las enfermedades,  y no son capaces de ponerse un tapabocas porque creen que el Covid no existe, o que usarlo significa sucumbir ante un orden secreto, pero no ven que debido a su falta de cuidado por el otro, están proliferando no solamente un virus sino un problema en nuestra conducta.

 

Sinceramente me gustaría que antes de adherir o adoptar como propia cualquier idea que suponga una espiritualidad sin empatía , partamos de la idea de que emprendemos un viaje de descubrimiento interior para despertar nuestra conciencia, por lo que una espiritualidad sin empatía, sin conexión con la realidad y coherencia no es más que falso optimismo.