Acerca del amor propio como pilar fundamental en todo proceso de sanación consciente

Autora de “Poems and thoughts of a young priestess”.
Coautora del “Diario de despertar de la diosa”, “Olvido: ¿La cura para el dolor? ” y “Soñar a colores”.

 

En la actualidad es cada vez más frecuente encontrarse con videos, tutoriales y cursos de influencers, gurús y coaches que enseñan a la gente todo tipo de estrategias y artimañas para conseguir pareja, dando así a conocer un arsenal de pasos que desvinculan a quienes los siguen de todo impulso espontáneo que nazca departe de ellos, reforzando así la desvirtuación y el desprecio por sí mismos en la consecución de aquello que buscan. Muy pocas veces les dirán que antes de pretender a alguien es fundamental amarse a uno mismo, lo que implica emprender un proceso previo de sanación y reconocimiento del propio valor.

 

En el camino de sanación consciente los pacientes desaprenden hábitos en los que ellos mismos tienden a realizar entregas de poder como lo supone el hecho de llamarle felicidad a otra persona y aún peor relacionar el sentido de la propia existencia con la aceptación que otros puedan darles.  Analizando cómo funciona la sociedad esto no es nuevo. En el juego de la priorización del tener se ha perdido y desvirtuado cualquier oportunidad de ser. En este sentido, hablo de la misma idea que ha puesto en un pedestal el anillo, el título, la medalla, el cargo, el trofeo, pero nunca el proceso para llegar a esto o la pregunta por la alegría de vivir y ser en el trascurso.

 

Erich Fromm solía decir que el hombre moderno vive bajo la ilusión de que conoce lo que quiere cuando en realidad quiere lo que se supone que deba querer, esta afirmación nos invita a cuestionarnos en primer lugar si realmente eso que tanto queremos en realidad viene de algo que fomente nuestra felicidad y bienestar desde la aceptación y autovaloración o quizás venga de una necesidad impuesta por la sociedad, algo más que nos dijeron que teníamos que conseguir aún si carecía de sentido para nosotros. De este modo podemos empezar a evaluar si quizás perder nuestra libertad de ser tenga sentido y si tal vez ese algo que queremos alcanzar supone esta pérdida de nosotros mismos entonces no sea lo que en verdad estemos buscando.

 

Antes de realizarnos estas preguntas cabe decir que es fundamental vaciarnos de lo que nos hayan dicho que tenemos que alcanzar, llegar a un estado de desprendimiento de estas ideas y observarlas, fundirnos en la exploración y/o descubrimiento de lo que nos apasiona y empezar de ceros, morir a eso que nos dijeron que fuéramos, saltar al vacío devolviéndose la confianza, buscar el apoyo necesario de personas que fomenten ese renacer y en caso de ser posible buscar ayuda terapéutica para identificar patrones que quizás nunca hayamos visto en nuestras actitudes que nutren dogmas, paradigmas y falsas ideas sobre nosotros mismos.

 

En este proceso nos daremos cuenta de dónde vienen nuestras congojas, frustraciones, ansiedades entre otras emociones que no nos dejan recobrar el asombro por la vida, la alegría de vivir, la empatía y fundamentalmente el amor propio, lo primero que siempre debimos haber buscado para resignificar nuestro paso por esta vida. ¡Ah! Y una vez hayamos entendido esta premisa quizás finalmente podamos elegir conscientemente no solamente con quién o quienes queremos pasar nuestras vidas, sino que la persona que siempre habíamos estado buscando no se encontraba afuera sino delante del espejo.