Acerca de la necesidad de construir y elegir relaciones conscientes

por Alejandra Rodríguez Peña
Directora Casa Merkaba, terapeuta holística, enamorada de la danza y Licenciada en Lenguas Modernas.

 

Es increíble cómo muchas personalidades inmersas en la moda de la nueva era, influencers, coaches, pastores de iglesias, entre otros continuan nutriendo la necesidad de un arquetipo de pareja cada vez más ilusorio y por lo tanto falso e inalcanzable en las personas que acuden a ellos. En la mayoría de los casos, con bastante frecuencia también se refuerzan programas machistas que suponen una parcial o total represión y privación de la expresión espontánea de la gente y se demoniza la soledad cuando en realidad nos brinda una oportunidad única de introspección, autoconocimiento y sanación.

 

En días pasados, una conocida la cual lleva años asistiendo a un grupo de coaching espiritual de una iglesia cristiana me contaba que estaba asistiendo a esas reuniones con un pretendiente co el que se estaba frecuentando para  pedirle el aval de la posible relación al director del grupo en el que se encontraba. En ese momento me fue inevitable pensar cómo es que a estas alturas de la vida la gente continúa dándole más peso a las opiniones de otros que a su propia intuición.

 

Me contó que el director del grupo le había dicho a su pretendiente, con el cual entre otras cosas ha estado saliendo por mucho dos o tres meses, que si era consciente del proceso que mi conocida llevaba y que al él tener hijos en hogares distintos esto no significaría un automático abandono de su responsabilidad, lo cual me pareció un punto a su favor; no obstante,  posterior a esto le preguntó al pretendiente de mi conocida  que si estaba dispuesto a asumir el rol de esposo de ella y todo lo que esto implicaba. Puntualmente se puso de ejemplo diciéndole que en su casa el no solamente era el ministro sino que también era el absoluto proveedor de todo en su casa y que si bien su esposa tenía sus metas él debía era quien decidía y controlaba todo en su hogar porque eso implicaba ser un varón.

 

Seguidamente mi conocida me afirmó que el director del grupo la hacía sentir como su hija y que simpatizaba y aplaudía la postura del director del grupo ya que según ella  no podía estar más de acuerdo. Pues bien queridos lectores, esta visión la cual he notado que es bastante común en algunas pacientes que han pasado por mi consultorio, reafima en primer lugar asuntos no resueltos con su figura paterna y una total necesidad de deconstruir ilusiones que giran en torno a una postura patriarcal del amor que a ambas partes de la pareja le causan daños que pueden llegar a ser irreparables.

 

Teniendo en cuenta que la población que más comete suicidios en el mundo es la masculina, como mujeres, nuestra primera tarea es derribar esas ideas que refuerzan la opresión de los hombres y empezar de una manera muy consciente a aterrizar nuestras relaciones para identificar si las estamos manifestando desde nuestras carencias o vacíos afectivos y programas inculcados por la sociedad o desde la plena consciencia y racionalidad que se requieren para aceptar que lo esencial radica en otros aspectos no tan efímeros como lo material.

 

Para identificar lo que menciono anteriormente es esencial tomarse el tiempo que se requiera evitando ver la soledad como algo que se deba evitar y enfrentarla hasta encontrar armonía y comodidad en ella; darle prioridad a los procesos de sanación propia en ese momento de una manera juiciosa y coherente, en la que se comience a evidenciar en qué hemos cambiado una vez hayamos entendido que lo que queremos en la vida no depende de lo que nos ha impuesto la sociedad o la familia sino de lo que identificamos de una manera individual como resultado de un proceso de sanación consciente.

 

Posteriormente, en un ejercicio total y pleno de valoración de nuestro proceso y el de los demás, entender que no podemos esperar que todos transitemos el mismo camino en el mismo momento; no obstante, podemos optar por rodearnos de personas cuyo camino vaya de la mano de la mano de un pensamiento crítico y acciones cada vez más conscientes y coherentes. Una manera muy sucinta para definir el éxito de nuestras relaciones es si ellas nutren nuestra consciencia o inconsciencia, allí nos daremos cuenta de que lo que realmente necesitamos son relaciones conscientes.

 

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